El papel de las mujeres en la defensa del ambiente en Córdoba
luchas ambientales
Entorno a la relevancia que le dan al conocimiento sobre la conflictividad del agronegocio y los agrotóxicos, al dolor que «las unió», a la verdad y cuál es para ellas la verdad. También nos interesa detenernos en los sentidos que giran en torno a la palabra «locas». Ellas fueron llamadas «locas» en incontables ocasiones, ya que tanto el estado como otrxs vecinxs deslegitimaron sus denuncias. Además, podemos advertir en algunos de sus discursos, que eventualmente se apropiaron de esta palabra como un rasgo identitario: «A alguien le va a caer la ficha algún día y van a decir estas locas por algo lo estaban diciendo»7 (Integrante del grupo Madres de Ituzaingó, 13 de noviembre de 2021).
Podemos identificar un proceso que no fue necesariamente lineal, que abarca los momentos en los que fueron acalladas y desacreditadas, así también como el momento en que buscan hacer valer su testimonio con su propia experiencia y su extenso estudio de la situación. Este proceso, en el cual se movilizaron frente a la problemática de su barrio a través de la disidencia y, a partir de sus experiencias construyeron narrativas y modos de describir su realidad, está profundamente atravesado por la identidad que ellas generaron como colectivo.
Anteriormente hicimos alusión a la construcción de la identidad del colectivo. Para esto, nos valemos de lo teorizado por Alberto Melucci (1994), a partir de sus estudios sobre la acción colectiva frente a un conflicto social y la construcción de una identidad compartida. El problema de análisis, para Melucci, radica en «cómo se mantiene un actor colectivo» (p.156), cómo se unen y combinan sus elementos.
Compartimos la idea de Melucci al decir que la acción es una construcción colectiva que tiende a la organización; donde las personas identifican la situación que las atraviesa y plantean objetivos comunes, pero, sobre todo, le otorgan un sentido en el proceso de unirse.
El colectivo de Madres de Ituzaingó, dejó de ser un grupo de personas al momento en que identificaron un problema en común y una idea compartida sobre lo que se debía hacer a continuación. En particular, cuando definieron que lo iban a hacer por el derecho a la vida y la salud de sus hijxs principalmente, por lo que decidieron identificarse como Madres.
El proceso de construcción entre lxs actores, donde se definen a sí mismxs y su relación con el ambiente, se genera en la «interacción, la negociación y la oposición de diferentes orientaciones» (Melucci, 1994, p.158). De esto podemos mencionar que, en el proceso de conformación identitaria de la agrupación, no siempre hubo acuerdos entre sus integrantes y debieron sortear una serie de obstáculos para llegar a un consenso con respecto a los valores que guiarían sus acciones como movimiento. De hecho, en los encuentros que hemos compartido con las Madres han mencionado reiteradamente la existencia de diferencias que llevaron a una separación del grupo original en el año 2005. Esto se debió a causa de que, tal como dicen estas mujeres, había integrantes que «no sabían trabajar colectivamente»8 o que no cumplían con lo acordado, como demuestra la siguiente cita: «cuando éramos todas, nos reuníamos un día que se programaba, pero como ya dijo Vita, lo que se hablaba acá salía y nada que ver. Ella9 iba y hacía lo que ella quería, no respetaba lo que se decía».10 Luego de la separación, el grupo se dividió en dos. De esta manera, comenzaron a actuar de manera diferenciada y más acorde a los intereses de las integrantes de cada agrupación.
Para finalizar este apartado, haremos una breve alusión al concepto de «lenguajes de valoración», desarrollado por Joan Martínez Alier. Los conflictos y las luchas ambientales «se expresan» en distintos lenguajes de valoración. Cada conflicto varía de acuerdo con muchos factores y los reclamos de las personas afectadas por sus derechos también son distintos y presentan distintos argumentos. Frente a esto, Martínez Alier (2006) se hace una pregunta: «¿Quién tiene o se arroga el poder de determinar cuáles son los lenguajes de valoración pertinentes?» (p.2).
Todos los conflictos ecológicos «se expresan con distintas palabras según los diversos actores» (Martínez Alier, 2006, p.5). Y es importante tener en cuenta que cada una de las partes que actúan en el conflicto tienen distintas maneras de nombrarlo. Del caso del barrio Ituzaingó Anexo, podemos detenernos en dos ejemplos. Por un lado, lo que mencionamos anteriormente sobre los conflictos internos del grupo. Las Madres le asignan a la noción de «trabajar colectivamente» una gran importancia, lo cual indica que el hecho de que no todas compartieran ese valor dificultó el proceso de organización. En un diálogo con ellas con fecha del 1 de diciembre del 2021, afirmaron sobre una de las exintegrantes:
Integrante 1: -Todo el trabajo, toda la lucha ella siempre firmaba como (con su nombre) y era…
Integrante 2: -Todo el trabajo de grupo
Integrante 1: -De conjunto… Por ejemplo, yo decía algo y ella lo hacía propio, iba y lo decía ella como si fuera su cabeza… Hicimos un trabajo para Ecuador y lo presentó ella11
Por otro lado, mientras que las Madres sostenían que la fumigación con agroquímicos en el campo colindante estaba afectando la salud de sus habitantes y «matando a sus hijxs», por parte del Estado este discurso fue deslegitimado y puesto en duda incontables veces. Las estrategias de lxs representantes de organismos públicos responsables de ofrecer una solución al problema fue apoyarse en la falta de pruebas fehacientes de que las fumigaciones efectivamente provocaban perjuicios en la salud, que el método de producción de soja se desplegaba en múltiples partes del país, por lo que un cambio a nivel local significaba un cambio a nivel nacional, entre otros. También, vecinxs del barrio cuestionaban las denuncias de las Madres, alegando que dichos discursos devaluaban las viviendas de Ituzaingó Anexo.
Esta puesta en discusión debió haber estado profundamente ligada a la experiencia de cada una de ellas frente al conflicto. Las características de un grupo de personas que deviene en una organización con una identidad son definidas por el intercambio y puesta en común de valoraciones, diferentes y similares, que las motivará a elaborar su propio sistema de valores de valores y lenguajes discursivos.
Segundo acercamiento a la discusión: el caso Madres de Ituzaingó desde enfoques del ecofeminismo
Anteriormente mencionamos que consideramos necesario analizar el caso desde una perspectiva de género, ya que advertimos aspectos relacionados al ecofeminismo en el caso de las Madres de Barrio Ituzaingó. Dicha corriente propone cambiar el enfoque por uno que se base en la sostenibilidad de la vida (Herrero, 2018). Además, posee la noción de que la subordinación de las mujeres a los hombres y la explotación de la naturaleza responden a una lógica común basada en la dominación y el sometimiento de la vida a una lógica de acumulación (Busconi, 2018, p. 3).
Dentro de la bibliografía con la que venimos trabajando, destacamos que una vasta cantidad de autoras se han detenido a describir a grandes rasgos las principales corrientes del ecofeminismo. Nos apoyamos en lo desarrollado por Puleo (2002), Busconi (2018) y Papuccio de Vidal (2018).
En primera instancia surge a fines de los 70 el ecofeminismo clásico o radical, que demoniza al varón basándose en el feminismo de la diferencia. Recupera las conexiones históricas, biológicas entre naturaleza y mujeres. Considera la explotación de ambas como consecuencia del dominio del hombre y el orden patriarcal. Además, también vuelve sobre valores del orden matriarcal y la ética del cuidado femenino (Papuccio de Vidal, 2018, p.28)
Ya en los 80, comienzan a tener lugar los ecofeminismos espiritualistas (también reconocido por Busconi como esencialista). Es una corriente que se origina en el Sur, teniendo como principal referente a Vandana Shiva. Estos ecofeminismos, si bien siguen sosteniendo algunas ideas del clásico en tanto que reconocen la existencia de una «conexión especial» de las mujeres con la naturaleza, ya no demonizan al varón. También critican el desarrollo técnico occidental que causa el mal desarrollo con raíces en los postulados patriarcales de homogeneidad, dominación y centralización y centran su interés en la participación de las mujeres en movimientos y acciones en defensa de la naturaleza, salud y soberanía alimentaria.
Hasta aquí desarrollamos dos corrientes que consideramos importantes tener en cuenta para comprender la amplia variedad de perspectivas ecofeministas que existen. No obstante, decidimos detenernos en la descripción de los ecofeminismos constructivistas, la rama a la que adherimos para este trabajo.
Cabe destacar que esta corriente de los ecofeminismos no comparte las ideas esencialistas ni espirituales de los anteriores y resalta que «la estrecha relación entre mujeres y naturaleza se sustenta en una construcción social'' (Busconi, 2018, p.3).
Apelamos a comprender el caso de Madres de Ituzaingó desde esta corriente en dos medidas: por un lado, nuestra mirada desde lo comunicacional nos insta a pensar que la realidad social es construida por los individuos a través de sus relaciones e interacciones. De esta manera, se conforman estructuras que también rigen dichas relaciones, los modos de comportamiento y las formas de acción frente a la realidad.
Por otro lado, al tratarse nuestro abordaje de un caso que relaciona aspectos de la maternidad y los roles del cuidado de la vida, nos propusimos no caer en esencialismos. Desde nuestra perspectiva de género entendemos que los mandatos de género que destinaron a las mujeres al espacio doméstico fuera del ámbito público y político responden a estructuras sociales preconstruidas que se ponen en jaque en este caso. Las Madres de Ituzaingó llevaron problemas «domésticos» o «privados» como la enfermedad de sus hijxs al ámbito público, truncando por completo los mandatos de género y constituyendo así otro modo de operar frente a la realidad.
Las ecofeminismos constructivistas conforman una gran variedad de otras corrientes. Para este caso nos pareció interesante presentar dos de estas: el ecofeminismo de base y los ecofeminismos territoriales.
La ecofeminismo de base (comunitaria y decolonial) hace foco en las mujeres como colectivo heterogéneo, quienes desde las bases constituyen estrategias de vida resilientes y participan en las luchas por la soberanía alimentaria, sus derechos y los de la naturaleza (referentes: Busconi, Herrero, Svampa, Puleo, Papuccio de Vidal).
Los ecofeminismos territoriales surgen de los profundos procesos de transformación productivos, económicos, sociales y culturales que tienen lugar en los territorios (urbano/rurales/periurbanos) en los que el modelo extractivista resulta ser hegemónico. Se marca el componente espacial en el que se desenvuelven las praxis ecofeministas como parte de las estrategias de supervivencia y resistencia (referentes: Ulloa, Navarro Trujillo, Fernandez Bouzo).
La cultura occidental, dice Yayo Herrero (2018), presenta un defecto de origen: haber creído que nuestra especie y su cultura estaban separadas del resto del mundo vivo y tenían mayor valor que este. Para pensar el mundo en clave ecológica, una de las primeras premisas es ser conscientes de que somos vida. Es decir, entender, valorar y querer las diversas formas de vida y reconocernos como parte de una red, donde se es consciente de los procesos y tiempos de crecimiento de la vida y se reconocen las similitudes con los animales no humanos, a los cuales se respeta. El ecofeminismo reconoce que los seres humanos somos profundamente interdependientes y ecodependientes.
Ser ecodependientes significa que estamos insertxs en una trama compleja, la trama de la vida en la Tierra, que responde a los límites de este planeta. Mientras que la interdependencia responde al hecho de que no hay cuerpos totalmente autónomos o independientes, ya que somos seres vulnerables que dependen de otros individuos para sobrevivir.
Asimismo, Mina Navarro Trujillo y Raquel Gutiérrez (2019) señalan que la interdependencia refiere a un conjunto de actividades, prácticas y energías interconectadas en común que buscan garantizar la reproducción de la vida en sus distintas dimensiones. Así, pensar y pensarnos como participantes de una trama interdependiente de vida, lleva fundamentalmente la idea de la comunicación como una dimensión que permite la búsqueda de relaciones más equitativas entre personas.
Las Madres de Barrio Ituzaingó Anexo no solo llevaron adelante reclamos por la defensa de la vida, sino que al mismo tiempo criaron a sus hijxs y trabajaron para sostener a sus familias y asistir a sus familiares enfermxs y/o atravesar una enfermedad. Navarro Trujillo (2019) sostiene que la intervención de las mujeres en la vida no solo es a través del sostenimiento de los ámbitos productivos y reproductivos, como aparenta el patriarcado, sino que, además, ellas participan en las dinámicas de la política comunitaria, espacio que tradicionalmente era designado a los hombres. Según Antonella Busconi, el protagonismo de las mujeres en las luchas y autoorganización colectiva se debe al empoderamiento de estas a través del conocimiento de sus derechos, su formación y la movilización para una vida digna. En consecuencia, las ha llevado a construir procesos de formación y acción para mejorar sus vidas, así como maneras distintas de relacionarse.
Svampa plantea que el lenguaje de valoración de las mujeres, que se enmarca en la cultura del cuidado, considera las relaciones sociales desde una lógica que cuestiona el hecho capitalista desde el reconocimiento de la ecodependencia y la valoración del trabajo de reproducción de lo social. Por otro lado, indica que el ecofeminismo libre de esencialismos aporta una mirada sobre las necesidades sociales desde el rescate de la cultura del cuidado, como una inspiración para pensar una sociedad ecológica y socialmente sostenible, a través de los valores mencionados anteriormente.
Reflexiones finales
A los fines de responder a los interrogantes que planteamos al comienzo de este trabajo, expusimos los lineamientos a partir los cuales consideramos que el caso de Madres de Barrio Ituzaingó Anexo puede ser analizado desde una mirada ecofeminista. Luego, realizamos una breve historización de la trayectoria del grupo para después conceptualizar las nociones que responden a los objetivos de análisis establecidos. En todo el desarrollo de este artículo, el objetivo que siempre estuvo presente fue adentrarnos en un caso histórico que nos permitió enriquecer, a través de algunas nociones conceptuales específicas, la discusión con relación a las mujeres que participan en luchas ambientales.
El recorrido de conceptos seleccionados para realizar nuestro estudio nos puede brindar un panorama sobre la trayectoria de los estudios sobre luchas ambientales, las características de los movimientos que las impulsan y el rol de las mujeres en estas. Si bien los conflictos han sido diversos, respondiendo al contexto histórico-social, económico y político en el cual se enmarcan, el papel que ocupan las mujeres en los mismos es crucial. Al ser quienes detectan el perjuicio, e impulsan, organizan y sostienen la lucha por la vida, su participación se torna indispensable en estas circunstancias.
En el caso de las Madres de Barrio Ituzaingó Anexo se puede vislumbrar la importancia de su accionar en la modificación de la legislación argentina para proteger a lxs habitantes de las fumigaciones y en la incorporación de la materia ambiental en las áreas jurídicas, políticas y de salud. La trayectoria de estas mujeres es tan notable, que su reconocimiento trasciende las fronteras de Argentina, siendo invitadas a contribuir en luchas similares en países de todo el globo. Siguiendo lo que comentamos en el apartado del primer acercamiento, si bien no se consideran feministas ni ecologistas, marcaron un antes y un después en la historia de nuestro país en lo que a dichas cuestiones respecta. A veinte años de su comienzo, sus reclamos siguen vigentes, aspirando a que se logre justicia.
1. Trabajo recibido el 28/03/2022. Aceptado el 18/06/2022.
2. Universidad Nacional de Córdoba. Contacto: valentina.virga@mi.unc.edu.ar
3. Universidad Nacional de Córdoba. Contacto: marinagianno@hotmail.com
4. El feminismo comunitario, según Busconi, es aquel que defiende el ecosistema en términos de territorio, tomando al cuerpo como un territorio también (Busconi, 2018)
5. Los hechos históricos de la agrupación fueron descritos de manera acotada a los fines de este trabajo. Para conocerlos de manera exhaustiva, recurrir a: Berger y Carrizo (2019) y Berger y Carrizo (2009).
6. Esta cita pertenece a uno de los testimonios recuperados de encuentros con la agrupación, de los cuales fuimos partícipes. Dichos encuentros ocurrieron en el marco de un proyecto de producción de un libro con memorias de las Madres de Ituzaingó, en el que participa un equipo interdisciplinario de profesorxs, profesionales y estudiantes ligadxs a la Universidad Nacional de Córdoba.
7. Cita extraída de un encuentro presencial con el Grupo de Madres de B° Ituzaingó Anexo el 13 de noviembre de 2021.
8. Cita extraída de un encuentro presencial con el Grupo de Madres de B° Ituzaingó Anexo el 8 de abril de 2022.
9. Aquí se hace mención de una ex integrante del grupo con la que las entrevistadas tuvieron grandes diferencias. Optamos por preservar su identidad.
10. Cita extraída de un encuentro presencial con el Grupo de Madres de B° Ituzaingó Anexo el 1 de diciembre de 2021.
11. Cita extraída de un encuentro presencial con el Grupo de Madres de B° Ituzaingó Anexo el 1 de diciembre de 2022.
https://www.scielo.org.ar/scielo.php?pid=S1852-15682022000200002&script=sci_arttext
Referencias bibliográficas
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